Definitivamente, he caído en las redes de este director. Creía que ya no podría sorprenderme después de ver Oldboy, pero ha llegado Sympathy for Mr. Vengeance y me ha vuelto a romper todos los esquemas. Brutal en todas las acepciones de la palabra. Una genialidad técnica latente en cada escena, planos brillantes que se suceden sin fin, sin agobiar ni dejar de deslumbrar según van apareciendo. Un cigarrillo que arrojan al agua, visto desde debajo de la superficie. Tres personas subiendo por una escalera que se va alejando en cada nuevo plano. Contrapicados imposibles que desafían los límites de la originalidad destruyéndolos por completo. Encuadres que distribuyen el peso de los elementos de una forma desigual y aun así perfectamente equilibrada. Y todo ello como precioso envoltorio de una historia que desgarra (literalmente) a los personajes y el alma del espectador al verlo. No es que sea violenta, es que va mucho más allá de eso; no es gratuito, no es autocomplaciente, es elegir a personas normales y llevar su forma de enfrentarse a los problemas primero y a la venganza después hasta el extremo. El modo de narrar es absolutamente fascinante, dándole una revisión completa a los sentimientos de culpabilidad, ira o desesperación. De nuevo, desde una perspectiva muy diferente a la que estamos acostumbrados en Occidente. El choque cultural no se refleja únicamente en la disposición de los muebles en una casa o en las costumbres; es también una manera completamente distinta de mostrar, por ejemplo, el sexo, sin tapujos, sin barreras morales, con una naturalidad tan naturalizada que pasa desapercibida. Por otro lado, los dilemas morales que plantea son cosa nuestra; no se pretende dar lecciones o demarcar por completo armazones mentales típicos como quién es el bueno o quién es el malo. Es una historia hilada -y bien hilada-, con hilos sueltos, hilos que se separan y flotan lentamente hasta tocar el suelo, hilos quemados, hilos manchados de sangre. Oscilando en torno a una durísima crítica que en realidad remite a lo social. Una forma de hacer cine auténtica e innovadora, con unas cotas de violencia internas tan inimaginables que muchos serán incapaces de verla entera. Con esta película, la posibilidad de quedar indiferente simplemente no existe.
8
El séptimo sello de la discoteca
viernes, 21 de febrero de 2014
martes, 18 de febrero de 2014
La Casa de las Dagas Voladoras - Zhang Yimou (2004)
Esta tarde he ido a ver Shi mian mai fu a la Filmoteca. Como había leído, es una orgía visual absoluta. Por eso me parece enorme que la recuperen en pantalla grande. La conjunción de sonido e imagen merecen apreciarse en el cine.
De las dos películas que he visto hasta ahora de Yimou, me gusta especialmente cómo derrumba algunos sesgos eurocéntricos; están las apariencias, están los hechos puros, y luego está su fragmentación, su dispersión y su disolución. Aquello que creíamos da paso a algo distinto y a su vez ello muta en algo nuevo. Un juego de máscaras invisibles, de seducciones; un pulso definitivo que se acaba mostrando frágil y firme como el bambú.
Dejo mi escena favorita, que resume exactamente por qué me ha gustado esta película.
http://www.youtube.com/watch?v=ChJpyG5XsZs
7,5
domingo, 16 de febrero de 2014
La Princesa Mononoke - Hayao Miyazaki (1997)
Igual que en Oldboy, la banda sonora en La Princesa Mononoke realza el conjunto de la película, amplificando significados al final, durante los títulos de crédito. Revitaliza así el mensaje, recordándonos que estamos conectados a la tierra, a la hierba, al agua, a los árboles, al resto de animales, a nuestros semejantes. Nos invita también a apreciar el cambio, cómo fluye el entorno y se transforman con él los que lo habitan. La importancia de sentirnos valorados, de formar parte de algo, de sabernos útiles y esforzarnos por aportar al mundo una parte de nosotros, realizándonos al mismo tiempo.
Mononoke Hime es una de esas películas que ganan con el tiempo, que disfrutamos más cuando volvemos a verlas y vamos comprendiendo mejor su historia, sus historias. La inclusión de mitología japonesa, referida a los espíritus del bosque, nos muestra una nueva enseñanza, nos acerca a otros modos de ver el mundo, de vivirlo. En este sentido, tiene una mayor complejidad para el público ajeno a este folklore, pero también por eso tiene una riqueza añadida. Nos hace ver aquello que une a los distintos pueblos y sus tradiciones propias.
Junto con algunos temas de la banda sonora, me quedo también estéticamente con las escenas en el bosque, que visualmente me parecen una maravilla. Similares a la belleza de hacer crecer flores y hojas de un arma de fuego. De sentir cómo ese bosque empieza a nacer en nuestro interior hasta invadirlo todo.
8
lunes, 3 de febrero de 2014
Mary and Max - Adam Elliot (2009)
Mary and Max es simplemente la magia de recibir palabras amigas en un momento de soledad. La calidez de saber que alguien, en algún lugar del mundo, nos recuerda y nos piensa. Un repaso a lo cotidiano y a las muchas complejidades que encierra. A través de un trozo de papel; un alma que se desnuda y baila. Al ritmo del tema principal.
Todo es más complicado de lo que pensamos.
Por eso a veces necesitamos parar un momento, tomar aire, calmar la ansiedad. Volvernos a sentar, pegar la carta en el techo, encerrar las lágrimas en un frasco. O nuestras metas. Aunque parezcan estúpidas.
Me ha cautivado y conmovido profundamente esta película.
Una maravilla absoluta, para reír y sentir asomar la tristeza, pero sin pretensiones ni megalomanías. Sólo la sencillez de saber que, en nuestra mente, estamos sonriendo.
8
jueves, 23 de enero de 2014
lunes, 20 de enero de 2014
Mulholland Drive - David Lynch (2001)
Empiezo a creer firmemente que mi problema con Lynch tiene un único culpable: Inland Empire. Fue lo primero que vi de él -también es cierto que hace ya unos cuantos años, en sesión matinal y versión original subtitulada-, y me niego a afirmar que eso sea surrealismo. Cabeza borradora sí me parece surrealista, y Twin Peaks tiene también sus tintes, y ambos productos me gustan. Pero lo de Inland Empire es distinto. Para mí, son simplemente cosas que podrían suceder efectivamente, sólo que el conjunto es tan retorcido que sería raro que se diera. Y la película las reúne todas, y es rara. Mulholland Drive es otra cosa. De hecho, después de verla he encontrado sospechosas similitudes tanto con Inland, lo que tampoco tiene tanta importancia, dado que tienen el mismo director, como con Cisne Negro (aunque la fotografía de esta última me gusta más).
En fin, decía que Mulholland es otro cantar; me parece una película bastante interesante. Se desarrolla manteniendo la intriga con dignidad y luego se deconstruye a sí misma y empiezan a salir sugerentes matrioskas de ella. Buenas actuaciones (a la pobre Naomi Watts siempre le caen papeles en los que sale malparada) y una buena trama, que deja algunos cabos sueltos, pero no tantos como me temía. La sensación final que me ha quedado después de verla es como estar a punto de resolver el puzzle, teniendo todas las piezas y sabiendo dónde encajan, pero aún sin proceder a terminarlo. Una sensación similar a despertar de un sueño y saber que todo su contenido está en tu cabeza, pero de una forma escurridiza con la que no acabamos de aprehenderlo. Y es que los sueños van tejiendo su red a lo largo de la historia, hasta darle la vuelta a todo y empezar a hacer girar el poliedro que es Mulholland.
No puedo evitar mencionar la presencia sonora de Badalamenti, reconocible desde el segundo dos de la película. El truco de Lynch para que sus creaciones sean desasosegantes es meter música inquietante en prácticamente todas las escenas, aunque lo que se nos muestre sea algo perfectamente cotidiano y sin un atisbo de misterio. En cambio, se interpretan también algunas canciones accesibles y que le cambian el ritmo positivamente, con una coherencia bastante razonable teniendo en cuenta que hablamos de Lynch.
Por otro lado, me gustan algunas reminiscencias de mitos y cuentos populares que he encontrado en algunos de los elementos, en concreto del que desencadena el parto de las matrioskas: la enigmática caja azul.
Tanto ayer por la noche, después de verla, como esta mañana a primera hora, le he estado dando vueltas y he elaborado mi propia hipótesis sobre su significado. Pero no la compartiré aquí. Mulholland Drive no es una película que necesitemos explicar o entender traduciéndola en palabras. No sabemos exactamente por qué, pero en nuestro interior la comprendemos. Igual que comprendemos nuestros sueños a pesar de su absurda apariencia.
8
sábado, 18 de enero de 2014
Oldboy - Park Chan-wook (2003)
Me ha costado entrar en el juego que plantea aquí Park Chan-wook, pero cuando he accedido, todo ha cambiado de medida. Oldboy es caos, su atmósfera sordidez y su guión de lo más retorcido. Precisamente por eso. Destaco la originalidad y la irrupción de una violencia que no la
desmerece, una violencia que tiene ritmo, una cadencia envolvente que
llega a parecer hermosa. Una manera diferente de narrar, de filmar, de desgranar una historia y darle continuamente giros que la van enriqueciendo hasta llegar a un post-final que nos hace un regalo en forma de vals de cierre. Tal vez eso ha culminado el efecto hipnótico y ha hecho que me dejara arrastrar finalmente, en una esfera de sensaciones que sólo logro traducir como un cerebro deshaciéndose en el tambor de una lavadora. Junto con la ropa sucia. Es diferente, pero a la vez nos recuerda a algo. Es una historia de venganza, pero deja en segundo plano la venganza. Es la búsqueda de una verdad que, en ocasiones, deberíamos dejar de perseguir por nuestro propio bien. ¿Qué es peor, una verdad despiadada o la incertidumbre? ¿Qué es peor, no saber cuánto tiempo va a durar nuestro encierro en esta prisión o saber que va a prolongarse durante quince años? ¿Qué es peor, la eterna estancia en la jaula... o descubrir que el mundo es únicamente una cárcel más grande? Oldboy convierte esos interrogantes en una sencilla y efectiva oda al olvido.
8
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